El sueño es una función de nuestro cuerpo esencial para la salud, al igual que la alimentación y la actividad física. Mientras contribuye a la memoria y al aprendizaje, ayuda a eliminar los desechos producidos por las neuronas en el cerebro y fortalece la salud cerebral. Un sueño deficiente puede tener un impacto significativo en la salud humana y la falta de sueño se relaciona con obesidad, diabetes, enfermedad coronaria y muertes de causa cardiovascular, mientras que puede reducir la respuesta inmunitaria, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones, las cuales a su vez disminuyen aún más la calidad del sueño. En un contexto donde el ritmo de vida, el estrés y la hiperconectividad afectan cada vez más los hábitos de descanso, la calidad del sueño se convirtió también en un indicador clave del bienestar psicológico. Diversos estudios científicos muestran que dormir mal de forma persistente no solo impacta en la energía diaria, sino que también puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo. En el marco del Día Mundial del Sueño, la neuróloga Stella Maris Valiensi, autora de 'La Ruta del Sueño', indaga en la estrecha relación que existe entre dormir mal y los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad. 'Hablamos de relación bidireccional porque el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo', explica la neuróloga. Es importante destacar que no todo episodio de mal dormir es un problema clínico. Establecer horarios de sueño regulares y dormir al menos siete horas por noche ayuda a mejorar el descanso. En ese caso, hablamos de insomnio circunstancial, mientras que hablamos de insomnio crónico cuando persiste durante más de 3 meses. Los síntomas más frecuentes incluyen fatiga constante, irritabilidad, bajo rendimiento, cambios en el estado de ánimo, sensación de no poder 'apagar' la mente, y una preocupación excesiva por no lograr dormir. 'En este último caso, se instala con frecuencia un círculo ansiedad–insomnio: el miedo a no dormir empeora el problema', desarrolla Valiensi. 'Existe una tendencia a medicalizar el insomnio, en parte por falta de tiempo en la consulta médica o por dificultades de acceso a terapias especializadas como la Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio (TCC-I)', explica la experta, quien añade: 'Además, cuando no se abordan causas subyacentes -ansiedad crónica, depresión, estrés laboral o conflictos emocionales- el síntoma puede persistir, aunque la medicación ayude temporalmente'. El uso sostenido de medicación para dormir no es inocuo, especialmente cuando comienza en edades tempranas y se prolonga durante años. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño. También es importante reflexionar sobre la satisfacción con el sueño, monitorear el progreso y crear un plan de acción gradual. 'El primer paso fundamental es reconocer que el sueño es esencial para la salud y convertirlo en una prioridad en la vida diaria', comentó el Dr. Eduardo Borsini. 'Su indicación depende de la edad, características personales y tiempo de uso, y es fundamental que sea evaluada y controlada médicamente', desarrolla la médica, quien agregó: 'La evidencia es clara: cuidar el descanso es también cuidar la mente. Promover hábitos saludables y consultar ante dificultades persistentes puede ser clave para romper el círculo entre insomnio y trastornos del estado de ánimo'. Claves para un sueño saludable. Ciertos trastornos del sueño, como la apnea obstructiva del sueño y el trastorno de movimientos oculares rápidos (REM), se asocian con deterioro cognitivo, demencia, riesgo de convulsiones y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. De esta manera, la somnolencia puede afectar la conducción. 'Planificar la salud del sueño requiere adaptar las estrategias a la vida de cada persona. El insomnio puede estar asociado a situaciones de estrés como exámenes, viajes o conflictos personales'. Es clave controlar el entorno de descanso: minimizar la luz, mantener la temperatura fresca y sentirse cómodo y relajado. La salud del sueño es multidimensional y va más allá de simplemente 'dormir lo suficiente'. Un sueño saludable implica considerar varias dimensiones que afectan tanto la calidad del descanso como el bienestar general. Dormir mal puede reducir el tiempo de reacción, deteriorar el juicio y generar deterioro cognitivo con efectos similares a los de la intoxicación alcohólica. La melatonina, por ejemplo, se popularizó por su perfil 'natural', pero natural no significa inocuo ni adecuado para todos los tipos de insomnio. 'Puede ser útil especialmente cuando existe una alteración del reloj biológico'.
La importancia del sueño para la salud: su vínculo con el estado de ánimo y la depresión
En el marco del Día Mundial del Sueño, los expertos destacan que un sueño deficiente de forma persistente no solo impacta en la energía diaria, sino que también puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo como la depresión y la ansiedad. Una neuróloga explica la relación bidireccional entre el insomnio y la salud mental, y habla de la importancia de los hábitos saludables y la precaución con los medicamentos.